Heráclito dixit:

"Si la felicidad residiera en los placeres del cuerpo, proclamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran para comer arvejas amargas"

14 dic. 2014

La vida como representación.

A veces, o a menudo, deberíamos parar, respirar y comprobar que lo que nos rodea es real. Y no sólo que es real, sino reflexionar sobre nuestro nivel de conciencia sobre nuestro entorno y nosotros mismos. El efecto más habitual derivado de esta falta de conciencia, de esta falta de percepción, es el estrés. Y, a mi parecer, el efecto más nefasto es vivir una vida ajena. Si aún fuera una vida fingida cabría la posibilidad de que fuese consciente, pues al fingir debemos suponer un grado de voluntad, siempre podemos dejar de fingir. Sin embargo, en la vida ajena no cabe esa posibilidad de voluntad, sino más bien de resignación. Si por cualquier razón alguien vive la vida de forma inconsciente alcanza la percepción de esto puede, o podría, elegir seguir o romper con todo.
La sensación de angustia, desidia, aburrimiento, abatimiento, estrés y otras tantas son una señal inequívoca de que algo va mal. Es cierto que nuestra condición material nos obliga a una serie de cosas, como nuestra situación económica, que no podemos evitar. Pero lo que sí está en nuestras manos es el nivel de conciencia que podemos alcanzar. Somos seres mortales, trabajadores asalariados, parados, padres de familia, amigo y amante, somos muchas cosas, y deberíamos asegurarnos de tenerlas claras. Esto nos ayudará a entender el comportamiento egoísta de cada uno, y evitaremos hacer daño a las personas que nos quieren y a nosotros mismos. También nos ayudará a valorar en su justa medida los ataques que sufrimos de las demás. Cuando mos despidan del trabajo sabremos qué está pasando, cuando nuestro amante o amado nos dé de lado lo sabremos, y si somos conscientes somos capaces de afrontar la adversidad. La inconsciencia sólo nos va a llevar a una situación de enajenación mental, emocional y vital que no nos podemos permitir. Nuestra condición material es la que genera el sufrimiento, pero también es la que nos da las herramientas para alcanzar la felicidad.
No debemos, si no es útil, diferenciarnos entre alma y cuerpo. Me parece que la visión monista de nosotros mismos es más simple y, por simple, si no está más cerca de la verdad al menos es más fácil de entender y aprehender. Nuestra parte racional, psíquica, espiritual o anímica no es diferente de nuestro cuerpo físico, sino que es una forma en la que se expresa. Y esto es lo nos permite parar, respirar, observar, comprender y alcanzar la conciencia de clase, de individuo, de amante, de amigo, de esclavo, etcétera. Y lo que nos permite vivir nuestra vida de forma plena, con aceptación, comprensión y conciencia vívida.

18 nov. 2014

¿Alcanzar la humanidad?

Catorce años han pasado desde que comenzó el siglo XXI y  la humanidad ni aparece ni se la espera.
Las guerras religiosas que encubren intereses económicos, la brecha social que no hace más que aumentar la diferencia de clase social, el machismo y el patriarcado que oprime a las mujeres y a los niños. En fin, una lista tan larga y trillada que casi parece de reaccionario seguir enumerándola.

¿Puede el ser humano alcanzar la humanidad?¿Se ha avanzado en el conocimiento de qué es la naturaleza humana? ¿Nos está permitido soñar o aspirar a alcanzar la humanidad? ¿Qué entendemos por humanidad? Hay varias perspectivas, escuelas o corrientes que ofrecen respuesta a estas preguntas. Ahora lo que me interesa es la perspectiva media de los habitantes del sureste de la península ibérica. Por fortuna hay un porcentaje aceptable de conciudadanos que tienen una comprensión e interés del tema propuesto. Muchos de mis vecinos, por no decir todos, tienen una idea de qué es eso del "ser humano", la "humanidad", la "cultura" y un sinfín de términos que engordan los tomos de los estudios universitarios. Por desgracia, en la mayoría de los casos no se conocen mutuamente, la calle desconoce los tomos de la universidad y éstos obvian e, incluso, ignoran la calle. Lo primero tiene fácil solución, con hacer un pequeño esfuerzo de divulgación 9 de cada 10 vecinos prestan atención, hacen preguntas y se interesan por lo que desconocen. Lo segundo es más difícil. Las líneas de investigación de las distintas facultades están más interesados en engordarse y fagotizarse que en mezclarse con las discusiones de la calle.

Desde mi punto de vista, pienso que es más importante bajar al ágora y conocer a las personas con las que compartimos nuestros destinos que encerrarte en guettos culturales, tan hermosos como estériles. Mientras pasamos horas y horas preguntándonos ésto y aquello, perdiéndonos entre las palabras maravillosas y enigmáticas de nuestros pensadores favoritos perdemos la noción de la realidad. De pronto, realidades como Hombres, mujeres y viceversa, Jugones o Pitbull, nos asombran y las percibimos como ruido molesto, como involución humana, incluso como producto de la incultura tercermundista, o algo peor. Y resulta que eso es humanidad, resulta que el hambre en África es humanidad, la deforestación del Amazonas es humanidad, el enfrentamiento Palestino-Isrrael es humanidad, la contaminación, el cambio climático, la explotación de las mujeres, los niños y los pobres, eso es humanidad.

A veces me sorprendo escuchando música pasada de moda y leyendo libros descatalogados, conseguidos en libreros de segunda mano o en las bibliotecas públicas. Me descubro rabiando porque no puedo conseguir tal o cual estudio, por su precio, y me veo entre mis familiares como un marciano entre humanos. Porque las preguntas que me hago no son realidad, son ficción de realidad, son metafísica, y me las veo y me las deseo en entender por qué mis preguntas no le interesan a nadie. Y de pronto veo que lo que no les interesa es la pregunta porque está formulada mal, porque utilizo palabras que no se utilizan y porque los problemas que planteo sólo pueden interesar a quien tiene las lentejas calientes o a quien se ha pasado media vida entre libros, forjándose una personalidad quijotesca.

11 sept. 2014

Vida y muerte en el siglo veintiuno...

No es la primera vez que me da por "reflexionar", si puedo permitirme la arrogancia, sobre la muerte y la vida. Este es mi blog personal y no pretendo adoctrinar, insultar ni iluminar caminos, sólo encontrar una vía de escape. Puede que para muchos de nosotros esta terapia, ridícula en otro contexto, sea de las pocas cosas saludables que podemos hacer. En realidad, prefiero tumbarme en la playa a estar sentado con el ordenador porque, aunque no lo creáis, aún hay personas que no tenemos 4G y tenemos que recurrir al viejo PC.
Hoy día si lo piensas te dan ganas de dejar de pensar, vivimos esclavizados, sometidos por innumerables cosas. No creo que nadie sea capaz de afirmar "soy libre" y no sentirse minutos después imbécil. Las limitaciones son tan obvias como las que nuestra condición natural nos impone, no podemos volar, nadar, ni trepar, ni pasar más de un rato bajo el sol abrasador sin una buena cantidad de agua. Las limitaciones sociales son, si cabe, peores aún, cada cosa que consideras como producto de tu gran personalidad resulta que no es más que un cúmulo de prejuicios heredados socioculturalmente. La Belleza, la Bondad, la Verdad, cualquiera de las Ideas, Categorías o Entes que puedas imaginar no son más que el producto cultural de tal o cual pueblo... Seguramente esa chica tan guapa, ese chico tan atractivo, en cualquier otra época o región sean los feos del pueblo. Sí que hay algo así como la Belleza en mayúscula, pero no deja de ser un reflejo. Reflejo de la consciencia humana.
La muerte, por otro lado, es la única razón, causa, finalidad que nos hace mover nuestro culo un poquito. A diario, en nuestra sociedad (la España actual) evitamos tratar y afrontar este hecho, cada cual por su razón y su riesgo. En lugar de afrontar nuestra existencia como una serie de sucesos entre un inicio, nacimiento, y un fin, muerte, que en ocasiones debería hacernos tomar más en serio todo lo que hacemos, y en otros casos dejar de dar importancia a otras cosas que por su irrelevancia deberíamos dejar pasar. Me refiero a que hay que alejar el orgullo de nuestro día a día, pero a la vez saber quienes somos y vivir cada momento como el último. La muerte nos sorprenderá siempre demasiado pronto y sin avisar, así que no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, y no te aferres a lo que quieres más de lo que razonablemente puedes esperar. Estas son las cosas que me digo cada día al lavarme la cara, frente al espejo, justo antes de coger mi "ridículum" y salir a repartir papeles por los mismos lugares una y otra vez en busca de un trozo de pan. No es mendicidad, me digo, pido un modo de ganarme la vida, de alejar la muerte de mí, de la forma más justa posible, sin que nadie me regale nada.
En ese momento estás mirando las facturas acumuladas, escuchando las llamadas impertinentes de los telefonistas, viendo el modo de conseguir los libros y la ropa para el colegio de tu hijo sin olvidar que comer es más importante... Esta vez el teléfono suena y la noticia es que no volverás a ver ni hablar con alguien a quien quieres.
El abismo, la tragedia, el horror se aparecen ante ti, te muestran tal y como eres, desnudo, indefenso, ignorante y ni las lágrimas pueden hacerte sentir mejor, pero ayudan.

14 jul. 2014

NIños, hambre y presente distópico.

Las alarmas han estallado desde hace varios años en Españistán, un país al sur de Europa donde vivo y sufro. Pero a mis vecinos parece darles igual. Siempre tengo la misma sensación, esa extraña sensación de soledad ante las injusticias. ¿Cómo puede ser que sobre dos millones trescientos mil niños españoles vivan bajo el umbral de la pobreza y la gente siga pensando lo guapo que es tal candidato o tal otro? Los problemas que tenemos no los van a solucionar unas primarias, ni nuevos dirigentes, ni una nueva Constitución. Si bien es cierto que todas estas cosas hacen rebrotar esperanza y alegría. Lo radicalmente absurdo, lo que debería ser eliminado de nuestra sociedad es esta impunidad.
Ya está, como los niños que pasan hambre no son los hijos de los políticos no hay repercusión mediática... En lugar de hacer sistemáticamente una denuncia de esta situación en los medios de manipulación sólo presentan una realidad alternativa y sesgada. Para colmo no quieren reconocer que no hay libertad de prensa. Claro, yo puedo escribir lo que me da la gana... Básicamente porque no tengo lectores, y sobre todo porque lo que escribo no entraña ningún tipo de peligro para el poder. Entre otras cosas por la debilidad de mis argumentos y lo poco inspiradoras que son mis palabras.
Por suerte algo está cambiando, los hambrientos de este país están tomando conciencia. Ojalá no se quede en un suspiro... En televisión nos dicen "cuidado que vamos camino al Crack del 1929", pero en la calle sabemos que el Crack del 29 fue el comienzo de una Revolución Social que no triunfó, pero que se llevó a cabo en el Españistán de los años 30. Recordamos a los miles de jóvenes de todo el mundo que lucharon y murieron el la última Guerra Civil española, aunque algunos preferimos llamarla Revolución Española, fallida pero revolucionaria. En aquellos días los niños pasaban hambre y el pueblo oprimido tomó conciencia.
Señores amos, si no quieren un pueblo en lucha abran sus huchas.

11 jul. 2014

Viernes de julio.

Para algunos sólo existe la democracia cuando las cosas están bien como están... o sea: Israel es una gran democracia aunque viole sistemáticamente los derechos humanos y lleve acabo un genocidio sumario y público; en Ucrania los "prorusos", o como los llamen, son unos monstruos desencadenados y los "ucranianos arios", porque no se cómo los llaman, que han llegado al poder con un golpe de estado violento y sanguinario, son los paladines de la libertad; Venezuela es una especie de Cuarto Reich, Cuba ni te digo; mientras en España millones de niños viven bajo  el umbral de la pobreza, el trabajo es precario y se tortura a las personas en las fronteras y en las cárceles...
Así hay muchos ejemplos, lo único que me queda claro es la clase social a la que pertenezco, y la lucha encarnizada en la que estamos. Lo que es bueno para mí no lo es tanto para mi jefe... que trabaje de ocho a diez horas por sesenta euros, sin dar de alta, sin descanso para comer ni posibilidad de vacaciones ni nada es bueno para muchos, pero para mi no. Que los libros del colegio cuesten más de lo que consigo ganar en un mes es bueno para muchos pero para mí no, que el alquiler donde vivo sea mayor de lo que conseguimos reunir en un mes de trabajo es bueno y justo para muchos, para mí no, etcétera.
Los amos son los que son, y sus lacayos siervos que viven de sus sobras, de lo que cae de su mesa, son como aquellos judíos que se ponían la estrella amarilla, si no recuerdo mal, y apresaban a los demás judíos facilitándoles el trabajo a los nazis.
Está claro que si tienes más de una o dos casas en propiedad no vas a pensar como yo, seguramente creas que te mereces lo que tienes, que te lo has ganado, como tantos otros aún no sabes que la propiedad es un robo, al igual que la esclavitud un crimen.
En fin, a mis trenta y trés años sigo pensando muchas cosas de la misma manera que cuando tenía quince y comencé a pensar por mí mismo, se ve que aún no he madurado. Sigo pensando que los trabajadores somos la clase mayoritaria, que hay que estar orgulloso de ganarse la vida día a día sin explotar a nadie, aunque sea menos lucrativo y, en nuestra sociedad, sea sinónimo de "idiota". Que matar a alguien desarmado no se puede llamar conflicto armado, que los supermercados no quieren pagar sus impuestos por mercadear con bienes de primera necesidad no es lo mismo que "racionamiento" del estado, que dar un golpe violento a gritos racistas no es un alzamiento popular ni revolucionario.
En fin, este es mi blog y escribo lo que quiero.

1 jul. 2014

Paradise Alley

No se me ocurre una forma mejor de empezar el verano. La biblioteca de mi barrio se está quedando sin almacén para tanto libro. Suelen dejar un montón de ellos sobre una mesa, lo normal es que sean "anuarios" de todo tipo, desde estudios de estadística de población  hasta alguna tesis doctoral de algún alumno de la universidad politécnica... Pero a veces me llevo una sorpresa, sobre la mesa había un libro cuyo autor es Sylvester Stallone, sí señor, Rambo, Rocky, Yo, el halcón, ese tío duro y que no sabe pronunciar había escrito un libro. Mi sensación de asombro me llevó a coger el libro y preguntar a la bibliotecaria si me lo podía llevar. Al llegar a casa y comentar mi nueva adquisición la primera reacción fue la de "qué friki eres Santiago". Comencé a leerlo y la ambientación, la época. y los personajes principales, los hermanos Carboni, me engancharon.
La historia transcurre en el neoyorquino barrio de "la Cocina del Infierno". Ronda el año 1946, la miseria del barrio y lo realista de la descripción hace caer al instante la imagen de una Nueva York idealizada por tantas teleseries y revistas de viaje. Los hermanos Carboni son tres. Víctor es el menor, una especie de protorocky, un chaval al que falta un hervor, con cierto déficit cognitivo que se esfuerza por superar leyendo un diccionario, y que es todo músculo y corazón. Cosmo, el hermano mediano, es un muchacho que hace por sobrevivir en el país de las oportunidades, timador, estafador, vividor, es la imagen del bohemio norteamericano. Lenny, el hermano mayor, "héroe" condecorado de la Segunda Guerra Mundial, está cojo y sumido en una depresión. Entre los personajes cabe destacar la sucesión de chulos, prostitutas, extorsionadores, no aparecen niños. Y por supuesto, Bella, la perra de Víctor, un ser entrañable entre tanta miseria.
La estructura de la novela es la propia de la segunda mitad del siglo veinte hasta hoy, capítulos breves, que más que capítulos son escenas cinematográficas, es una novela, aunque muy cinematográfica. La historia sufre giros inesperados y es muy fácil de leer. Los personajes están muy bien definidos y el ambiente tan bien retratado que se disfruta con la lectura.

30
"Cosmo buscó una posición más cómoda entre los brazos de Bultos.
-No me lo esperaba- dijo.
-Pues deberías habértelo esperado... Al fin y al cabo fueron novios- observó la joven puta.
-La había dejado... Y él sabía que nos estábamos viendo... ¿Por qué dejó que me fuera liando?
-No era tu tipo... Ya te lo dije yo.
-¡Vaya! Haciendo chapas aquí, en el Sunset, tú te enteras de todo... ¿Es eso lo que quieres decir, Bultos? ¿Qué sabrás tú?
-Sé cómo eres y te conozco bien.
-¿Por qué me dejaron liarme?"


26 jun. 2014

El sentimiento de mendicidad.

La mayoría de las veces pienso en un señor sentado en la puerta de una iglesia, o de un supermercado, con un cartel de cartón y pinta de no haberse duchado en varias semanas. Hay quien piensa que incluso se organizan y que puede "que ganen más que yo". Otros días me levanto y me veo mendigando a mí mismo. Tengo una serie de responsabilidades y me veo en la obligación de solicitar cualquier tipo de actividad por una mísera cantidad de dinero. "No es lo mismo" me digo a mí mismo, me dicen mis amigos. "Tú estás demandando un trabajo", "quieres ganar honradamente tu dinero", "intercambias tus servicios en igualdad de condiciones" etcétera, etcétera...
La verdad es que el mundo es del color que cada uno lo pinte. Si ir tienda a tienda, fábrica a fábrica, almacén a almacén, dejando un papelito con tus últimos trabajos, tus estudios más relevantes, y una foto lo más currada posible se diferencia en algo del trozo de cartón del mendigo estándar, del que tenemos en el subconsciente, hoy por hoy no lo diferencio. La única diferencia es que uno es, o parece, más higiénico que el otro. Ir bien afeitado, con ropa limpia, zapatos limpios, un folio blanco... Esa es la única diferencia que encuentro.
Quieres una casa, paga. Quieres comer, paga. Quieres estudiar, paga. Quieres medicinas, paga. Y lo último, quieres cobrar el finiquito ¡paga! La sociedad que hemos construido es para hacer una película de risa. Así son las cosas amigo, yo no he hecho las reglas... Es como decir "alabado sea el Señor, así son las cosas, ¿acaso quieres cambiar el mundo?"
Otros días pienso que María Antonieta y sus secuaces pensaban lo mismo horas antes de que estallara la Revolución Francesa. Hace trescientos años el mundo era diferente. ¿O no?

30 may. 2014

Un mal sueño.

Ayer tuve un sueño, un mal sueño.
La escena era de película americana: una familia en un salón comedor hablando de política y sobre la situación social. Era una casa de esas que siempre salen con su jardincito, de madera, y en una zona residencial. Todos, o al menos los que yo recuerdo, eran hombres, aunque había esencia femenina. De pronto, alguien llama desde la ventana, y uno de los hombres del salón, posibliemente yo, dice "no hay trabajo". El ruido de la ventana cesa momentáneamente, todos en la familia siguen erre que erre arreglando el mundo. De pronto el ruido vuelve de forma más intensa y agresiva, pero son voces de niños que gritan y piden y moestan. Total que salgo para decirles que se vayan a molestar a otra parte. En este punto, uno de los niños me saca una pistola, el pánico se apodera de todo el mundo, incluso de los niños. Los otros dos también van armados. Me acerco a uno de los niños, le agarro la pistola y le digo "¿es que no sabes quienes son los nazis? Si nos hacéis algo irán a por vosotros", los niños salen disparados corriendo.
Me despierto y paso todo el día dándole vueltas.

Sobre la legitimidad.

Legitimidad es un término que suele ser usado en "ciencias" políticas, los medios de comunicación y en algunas conversaciones seseras con amigos de la facultad en las reuniones navideñas.
No me gusta hablar de la política como una "ciencia", porque me gusta dejar este término para las ramas dedicadas a la parte formal del pensamiento, como la lógica o la matemática. Si bien es cierto que sobre la política hay un gran material y negar su parte "científica" sería un error. A mí me gusta hablar de la política como la facultad innata del ser humano para razonar con sus vecinos, los buenos vecinos y los hostiles.
En toda conversación que se precie, al hablar sobre legitimdad, no pueden faltar pensadores como Hanna Arendt, Hambermas, Cicerón, Aristóteles.... Un sin fin de ellos. Por suerte hemos podido generar, y generamos, gandes personas que piensan y discuten por nosotros. En mi calle algo es legítimo si hay una base para la acción. Si quieres aparcar tu coche legítimamente si vas delante mía y el hueco lo encuentras tú la legitimdad de usarlo es tuya, auqnue sea en el portón de mi bloque. O si se te cae la cartera, tienes legitimidad plena de reclamarla. Cosas así, facilonas, del día a día. Podríamos poner ejemplos de hermanos, novios, matrimonios, etc.
¿Qué pasa con la legitimadad política? Ésta es la que solemos escuchar en los mass-media, y sobre la que pasamos buenos ratos con los amigos.
En principio no pasa nada, también podríamos aplicar el principio anterior de "algo es legítimo si hay una base para la acción". El problema viene cuando tal o cual decisión política nos afecta. Si nos suben los impuestos, o nos echan del trabajo, o nos quitan los bonos del bus, etc. En ese momento resulta que se nos enciende la bombilla y vemos la ilegitimidad de ese acto. Cuando los actos ilegítimos se cometen sobre otros, normalmente, en mi calle, no pasa nada. Ahora bien, no debemos confundir legitimdad con justicia o cualquier otra cosa. Ya hemos dicho que legitimidad es cualquier cosa que pueda tener una base para la acción, en este punto cabe preguntarse qué es esa cosa, cuál es la base para la acción.
Resulta que aunque tengamos muy claro por qué lo que hacemos a diario tiene una cierta legitimadad,  nos sorprende cuando alguien nos para los pies y dice "por ahí no". Toma, resulta que la base que posibilita la acción es compartida. Que cuando no nos ponemos de acuerdo sobre la legitimidad de tal o cual cosa es cuando vemos que lo compartido está dejando de ser equitativamente compartido. Por lo tanto, para que haya legitimidad primero ha de haber, si no acuerdo sí que, al menos, carga cultural. Una cosa que determine un criterio para comenzar. Y en política, hoy por hoy, es el voto.
Otra cosa es lo que el voto sea, o lo que el voto represente, y hasta dónde llegue la legitimadad.
Podemos decir que la legitimidad es esa capacidad de actuar sobre algo con un sustrato cultural previo, o un acuerdo, con consentimiento entre las partes. Por desgracia también entre las partes que ni dieron su consentimiento ni se lo pregutnaron.

20 may. 2014

La dificultad de hacer

La naturaleza humana es algo tan esquivo. Cuando uno se para a pensar seriamente sobre nuestra naturaleza, su origen, su finalidad, va cayendo de contradicción en contradicción. Cuando hemos superado una piedra tropezamos con otra. En el desarrollo lógico de toda explicación hay un punto desde el cuál todo lo que se dice está dentro de la especulación. Sobre este aspecto nos avisa Espinosa en su Ética. En la búsqueda de una explicación anterior, hay quien introduce ideas supersticiosas y viciadas para satisfacer su necesidad, para justificar su acción. Mientras tanto, poco a poco, vamos intentando hacer nuestra vida, hacer y hacer, porque dejar hacer, o deshacer e incluso no hacer, está prohibido. Si te paras, si piensas, te asustas porque descubres que no es tu vida, no son tus pensamientos, y lo peor, descubrir que el miedo tampoco es tuyo. Verte sentado en tu habitación, escribiendo, leyendo, amando la vida de otro, una vida programada, no por Dios o algo que pudiera dar glamour o sentido estético o ético, no. Programado por algo más bajo, más mezquino, más humano. Y no poder, en fin, zafarte de las cadenas que tú mismo te has atado.

Entre la grandeza y los logros del ser humano encontramos NADA.

Entre la grandeza y los logros de uno mismo encontramos NADA.

27 ene. 2014

El "Pigmeo" de Chuck Palahniuk.

Este verano tuve la suerte de recibir por mi cumpleaños una novelita de un autor cuyo nombre, creo, no aprenderé jamás. Pigmeo es una novela bastante original en su forma, también es verdad que es la primera obra que cae en mis manos de Chuck Palahniuk. Relata la misión de un grupo de jovenes entrenado, en algun tipo de república socialista, en el odio a USA. De la mano del agente 67 iremos descubriendo un sinfín de situaciones y experiencias que van constituyendo la personalidad de Pigmeo.
Cabe destacar que en ningún momento se llega a entablar una realción de identificación con los personajes, ya que conocemos los hecho a través de una serie de informes que el agente 67 va redactando, con lo que la forma tradicional de narración se ve enlatada en esta estructura. Al principio es un poco "pesado" el lenguaje que nuestro protagonista utiliza, pero al poco tiempo es eso una cualidad que te engancha, el uso extravagante de los adjetivos, los sustantivos y los verbos, dan un ritmo peculiar a la lectura.
En fin, no sé si el autor quería transmitir algo con el libro, a mí personalmente me ha gustado, pero deja un regusto a "producto" comercial que es dificil de olvidar, de hecho he tenido que esperar casi medio año para publicar estas palabras para no hacer una exposición violenta del libro. Si quieres leer un libro "loco", disparatdo y original,  "Pigmeo" es una opción genial.
Gracias Rubén Cegarra por él.