Heráclito dixit:

"Si la felicidad residiera en los placeres del cuerpo, proclamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran para comer arvejas amargas"

14 dic. 2014

La vida como representación.

A veces, o a menudo, deberíamos parar, respirar y comprobar que lo que nos rodea es real. Y no sólo que es real, sino reflexionar sobre nuestro nivel de conciencia sobre nuestro entorno y nosotros mismos. El efecto más habitual derivado de esta falta de conciencia, de esta falta de percepción, es el estrés. Y, a mi parecer, el efecto más nefasto es vivir una vida ajena. Si aún fuera una vida fingida cabría la posibilidad de que fuese consciente, pues al fingir debemos suponer un grado de voluntad, siempre podemos dejar de fingir. Sin embargo, en la vida ajena no cabe esa posibilidad de voluntad, sino más bien de resignación. Si por cualquier razón alguien vive la vida de forma inconsciente alcanza la percepción de esto puede, o podría, elegir seguir o romper con todo.
La sensación de angustia, desidia, aburrimiento, abatimiento, estrés y otras tantas son una señal inequívoca de que algo va mal. Es cierto que nuestra condición material nos obliga a una serie de cosas, como nuestra situación económica, que no podemos evitar. Pero lo que sí está en nuestras manos es el nivel de conciencia que podemos alcanzar. Somos seres mortales, trabajadores asalariados, parados, padres de familia, amigo y amante, somos muchas cosas, y deberíamos asegurarnos de tenerlas claras. Esto nos ayudará a entender el comportamiento egoísta de cada uno, y evitaremos hacer daño a las personas que nos quieren y a nosotros mismos. También nos ayudará a valorar en su justa medida los ataques que sufrimos de las demás. Cuando mos despidan del trabajo sabremos qué está pasando, cuando nuestro amante o amado nos dé de lado lo sabremos, y si somos conscientes somos capaces de afrontar la adversidad. La inconsciencia sólo nos va a llevar a una situación de enajenación mental, emocional y vital que no nos podemos permitir. Nuestra condición material es la que genera el sufrimiento, pero también es la que nos da las herramientas para alcanzar la felicidad.
No debemos, si no es útil, diferenciarnos entre alma y cuerpo. Me parece que la visión monista de nosotros mismos es más simple y, por simple, si no está más cerca de la verdad al menos es más fácil de entender y aprehender. Nuestra parte racional, psíquica, espiritual o anímica no es diferente de nuestro cuerpo físico, sino que es una forma en la que se expresa. Y esto es lo nos permite parar, respirar, observar, comprender y alcanzar la conciencia de clase, de individuo, de amante, de amigo, de esclavo, etcétera. Y lo que nos permite vivir nuestra vida de forma plena, con aceptación, comprensión y conciencia vívida.
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