Heráclito dixit:

"Si la felicidad residiera en los placeres del cuerpo, proclamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran para comer arvejas amargas"

18 nov. 2014

¿Alcanzar la humanidad?

Catorce años han pasado desde que comenzó el siglo XXI y  la humanidad ni aparece ni se la espera.
Las guerras religiosas que encubren intereses económicos, la brecha social que no hace más que aumentar la diferencia de clase social, el machismo y el patriarcado que oprime a las mujeres y a los niños. En fin, una lista tan larga y trillada que casi parece de reaccionario seguir enumerándola.

¿Puede el ser humano alcanzar la humanidad?¿Se ha avanzado en el conocimiento de qué es la naturaleza humana? ¿Nos está permitido soñar o aspirar a alcanzar la humanidad? ¿Qué entendemos por humanidad? Hay varias perspectivas, escuelas o corrientes que ofrecen respuesta a estas preguntas. Ahora lo que me interesa es la perspectiva media de los habitantes del sureste de la península ibérica. Por fortuna hay un porcentaje aceptable de conciudadanos que tienen una comprensión e interés del tema propuesto. Muchos de mis vecinos, por no decir todos, tienen una idea de qué es eso del "ser humano", la "humanidad", la "cultura" y un sinfín de términos que engordan los tomos de los estudios universitarios. Por desgracia, en la mayoría de los casos no se conocen mutuamente, la calle desconoce los tomos de la universidad y éstos obvian e, incluso, ignoran la calle. Lo primero tiene fácil solución, con hacer un pequeño esfuerzo de divulgación 9 de cada 10 vecinos prestan atención, hacen preguntas y se interesan por lo que desconocen. Lo segundo es más difícil. Las líneas de investigación de las distintas facultades están más interesados en engordarse y fagotizarse que en mezclarse con las discusiones de la calle.

Desde mi punto de vista, pienso que es más importante bajar al ágora y conocer a las personas con las que compartimos nuestros destinos que encerrarte en guettos culturales, tan hermosos como estériles. Mientras pasamos horas y horas preguntándonos ésto y aquello, perdiéndonos entre las palabras maravillosas y enigmáticas de nuestros pensadores favoritos perdemos la noción de la realidad. De pronto, realidades como Hombres, mujeres y viceversa, Jugones o Pitbull, nos asombran y las percibimos como ruido molesto, como involución humana, incluso como producto de la incultura tercermundista, o algo peor. Y resulta que eso es humanidad, resulta que el hambre en África es humanidad, la deforestación del Amazonas es humanidad, el enfrentamiento Palestino-Isrrael es humanidad, la contaminación, el cambio climático, la explotación de las mujeres, los niños y los pobres, eso es humanidad.

A veces me sorprendo escuchando música pasada de moda y leyendo libros descatalogados, conseguidos en libreros de segunda mano o en las bibliotecas públicas. Me descubro rabiando porque no puedo conseguir tal o cual estudio, por su precio, y me veo entre mis familiares como un marciano entre humanos. Porque las preguntas que me hago no son realidad, son ficción de realidad, son metafísica, y me las veo y me las deseo en entender por qué mis preguntas no le interesan a nadie. Y de pronto veo que lo que no les interesa es la pregunta porque está formulada mal, porque utilizo palabras que no se utilizan y porque los problemas que planteo sólo pueden interesar a quien tiene las lentejas calientes o a quien se ha pasado media vida entre libros, forjándose una personalidad quijotesca.

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