Heráclito dixit:

"Si la felicidad residiera en los placeres del cuerpo, proclamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran para comer arvejas amargas"

12 jul. 2013

“FAHRENHEIT 451” de Ray Bradbury.


Tras la lectura de esta novela ha renacido en mi interior el amor por los libros, buenos y no tan buenos, expulsando de mi vocabulario el adjetivo de “malo” para calificarlos. Bradbury nos describe un mundo situado en un futuro impreciso, en una ciudad imprecisa, dentro de una USA imprecisa. La situación espacio-temporal no es importante. Lo que hace que no queramos dejar de leer su novela es la descripción de una sociedad técnicamente muy avanzada pero con unas carencias humanas considerables. Dentro del género de la ciencia ficción del siglo XX las reflexiones filosóficas no pasan inadvertidas. Nos ofrece una distopía que baila entre Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, donde reina el hedonismo y los ciudadanos sobre-viven gracias a multitud de distracciones: deporte, televisión, drogas… Y 1984 de George Orwell, mundo donde la felicidad solo se alcanza por el férreo control gubernamental, a nivel mental, de la población.
La ciudad donde vive Montag, el protagonista, no tiene nombre, dando la posibilidad de situarla en el contexto geográfico que uno quiera, si es verdad que parece encontrarse en la actual USA. La Universidad se cerró años atrás, sólo se forman “técnicos” que mantengan y mejoren las cosas “útiles”. Los bomberos, profesión de Montag, se dedican a proteger la felicidad de los ciudadanos quemando miles de libros prohibidos que, algunos locos, se empeñan en guardar y proteger con sus vidas.
Montag despierta de su letargo gracias a su vecina, Clarisse, una adolescente que le hace pensar por primera vez en muchísimo tiempo, puede que desde su más tierna infancia. Su esposa, Millie, toma demasiadas pastillas como para admitir que tiene un problema. La “familia” virtual la mantiene fuera de la realidad. Montag empieza a sentirse muy solo. Tanto que comienza a buscar algo en los libros. He aquí la intriga, su trabajo es quemar libros y ahora los libros le queman a él…
Aquí os dejo algunos de los pasajes que más interesantes me han resultado:
Pg. 53: “Y recordó haber pensado entonces, que si ella moría, estaba seguro que no había de llorar. Porque sería la muerte de una desconocida, un rostro visto en la calle, una imagen del periódico; y, de repente, le resultó todo tan triste que había empezado a llorar, no por la muerte, sino al pensar que no lloraría cuando Milldred muriera, un absurdo hombre vacío junto a una absurda mujer vacía.”
Pg. 70: “Ella no quería saber cómo se hacía algo sino porqué. Esto puede resultar embarazoso. Se pregunta el porqué de una serie de cosas y se termina sintiéndose muy desdichado. Lo mejor que podía pasarle a la pobre chica era morirse”.
“Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enséñale solo  uno. O, mejor aún, no le des ninguno.”
Pg. 71: “Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Entonces tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin  moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como la Filosofía o la Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía”.
Pg. 115: “Si esconde usted su ignorancia, nadie le atacará y nunca llegará a aprender.”
Pg. 127: “¿Qué es el fuego? Un misterio. Los científicos hablan mucho de fricción y de moléculas. Pero en realidad no lo saben. Su verdadera belleza es que destruye responsabilidad y consecuencias.”
Pg. 153: “… más allá de los siete velos de la irrealidad, más allá de las paredes de los salones y de los fosos metálicos de la ciudad, las vacas pacían la hierba, los cerdos se revolcaban en las ciénagas a mediodía y los perros ladraban a las blancas ovejas en las colinas.”
Pg. 168: “, me dijo.
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