Heráclito dixit:

"Si la felicidad residiera en los placeres del cuerpo, proclamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran para comer arvejas amargas"

3 may. 2011

Otra vez pasan sobre ella.

Cada vez que aparece una noticia en el telediario, sobe todo de política social y económica se escupe sobre la gran obra del mundo occidental, la Declaración de los Derechos del hombre, la mujer y los niñ@s. Ya no sabemos a dónde vamos, si es que en algún momento supimos la dirección que debíamos tomar. Pese a quien le pese, esta Declaración tiene pretensión de Universal, y si alguien no sabe los que quiere decir esta palabra, según la RAE en su segunda aceptación:

2. adj. Que comprende o es común a todos en su especie, sin excepción de ninguno.

Pero quizá esto sea mucho pedir para los poderosos, siempre tienen la potestad de decidir en última instancia quien es más persona que otra, o quién pertenece más a una especie que otro individuo. Lamentablemente, cada día estamos más seguros de una cosa, y es que lo más efectivo es aplicar la Ley del Talión.

Artículo 2.

  • Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
  • Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.
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